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Fiesta de San Antonio de Padua San Miguel de Allende 2014

 Fiesta a San Antonio de Padua en San Miguel de Allende 13, 14, 15 de Junio del presente desde muy temprano. Checa el Programa y Planifica.

La fiesta comenzó con el novenario y consistía en nueve días antes de la gran fiesta, tenía visitas el templo, de los diferentes barrios; cada día se recibían a los cuadros alegóricos, peregrinaciones, cuadros de locos, danzas de pluma y danzas de apache, todos ellos acompañados de los feligreses de cada barrio correspondiente.

Esta fiesta es muy conocida por uno de los “espectáculos” para feligreses y turistas llamado erróneamente: “Festival de Locos, desfile de los locos, etc” teniendo como nombre correcto: “CONVITE DE LOCOS” en honor a San Antonio.

Esta tradición es de los HORTELANOS que vestían trajes de su faena, adornando las mujeres sus utensilios de cocina y los hombres sus herramientas de labranza, organizaban cuadrillas para asistir a misa y posteriormente trasladarse con el sacerdote a las huertas y bendecir los frutos.

Posteriormente tal celebración fue creciendo, anexando baile y alguno de ellos empezó a disfrazarse de espantapájaros y/o personajes comunes de las huertas, después se extendió a las calles y se ofrecían los frutos de las huertas gratuitamente, ahora se han cambiado por dulces y la banda de viento por sonido de música, etc.

Anteriormente les presentamos un resumen de lo tradicional y cómo ha evolucionado, pero a continuación les presentamos de la Página Oficial del Cronista de la Ciudad de San Miguel de Allende, la historia completa,

 DISFRUTALA:

Por:  Luis Felipe. Cronista de San Miguel de Allende.

LOS HORTELANOS

En uno de sus escritos el padre Félix Pérez de Espinosa dice que dentro de las huertas que había en la Villa de San Miguel el Grande trabajaban los indígenas y sus familias, los que al ser catequizados, entre otras cosas conocen que en España el santo patrono de los huerteros es San Pascual Bailón quien había sido el encargado del jardín, de la huerta y de la cocina en su convento.

Adelantado discípulo, el indígena se identifica inmediatamente con el santo, aprende, adopta y adapta tradiciones, entre éstas está el canto y el baile cuya base armónica descansa en el tamborcito y la chirimía. “En contraste con su actitud hacia la literatura y otras expresiones en la literatura indígena la iglesia no se opuso a la danza. Hubo una circunstancia favorable: también en España se ejecutaban bailes religiosos dentro y fuera de los templos (Enciclopedia de México III. Pág. 412).

Para practicar sus bailables, los hortelanos vestían los trajes propios de su faena: ellas los adornaban con los utensilios de la cocina y los varones con alguna herramienta de labranza. Se organizaban en “cuadrillas”, que no eran otra cosa más que las familias conformadas no sólo con el matrimonio sino que igualmente participaban hijas, hijos, nueras y yernos, “…desde la infancia los bailarines aprendían gestos y evoluciones…” (Enciclopedia de México III. Pág. 412).

Con el tiempo las familias que participaban en la danza se organizaron en cofradías, encomendadas, desde luego, a San Pascual Bailón cuya imagen pintada en lienza o lámina presidia las celebraciones. Se sabe que en el templo de la Tercera Orden se le hacía una misa cada 17 de mayo. En el atrio, otrora cementerio, bailaban estas cuadrillas. Terminando el baile se trasladaba el sacerdote a las huertas y bendecía los frutos. Hecho esto se abrían las puertas a todos los vecinos, los que podían comer toda la fruta que quisieran, excepto llevarla a sus domicilios.

El gusto por ver estas danzas fue en aumento y teniendo tanto éxito destacaron especialmente las conocidas como de “los hortelanos” y “el torito” en torno a las cuales se arremolinaban los espectadores, lo que dificultaba el desarrollo normal de los bailables por lo que fue necesario ‘proteger’ a los bailantes invitándoles a retroceder y ampliar el círculo del público. Esta tarea era realizada por los hortelanos mayores. Alguno de ellos seguramente ideó disfrazarse de espantapájaros, personaje éste muy común en las huertas. Poco a poco se fue separando el baile de los “Hortelanos” y el de los “locos”. El púbico cambio su gusto por el primero y ha llevado a los segundos hasta el lugar que hoy ocupan. A mí sólo me toco conocer a don Antonino quien no dejaba morir a un bailable y tenía su grupo con muchos pequeños que aprendían el otrora bailable popular. Los entrenaba cerca de la casa de don Celso Ortiz, en la calle Julián Carrillo. Entonces estaba sin empedrar. La maestra Inés también impulsó a este baile sanmiguelense que debe conservarse por ser parte de nuestras raíces.

Ataviados con trajes raídos, máscaras de cuero, varas de membrillo y de pera, los hortelanos mayores, giraban al interior del círculo dando pequeños golpes a los pies de los espectadores para impedir que agobiaran a los bailarines, los que no se inmutaban con su presencia, no así los pequeños, quienes se protegían seguramente tras el cuerpo de los adultos a quienes acampaban. En ocasiones los huerteros llevaban en las manos animales disecados como ardillas, tejones, alicantes, etc.

Si bien no participaban en la coreografía, al realizar su función seguían el paso con movimientos deliberadamente grotescos que, sumado a su facha estrafalaria, les ganó el mote de “locos”. Y al grito de ¡ahí viene el loco! Enmendaban el terreno que los espectadores habían avanzado hacia el centro del círculo. El Lic. Leobino Zavala dejó escrito que “…Amado el panadero, aquel Amado narices anchas que siempre salía de “loco” en la danza de los hortelanos, con su máscara de cartón (…) su sombrero con una pluma de guajolote, su vestido de percal estilo payaso, un chicote o una larga vara en la mano, una jaula a la espalda con una rata muerta o un tecolote en el mismo estado encerrados en ella y una ardilla o un tlacuache disecado, repletos de aserrín, que amorosamente arrullaba entre sus brazos, como si fuera un niño, mientras bailaba incansablemente, haciendo sonar los cercos de cascabeles que llevaba en los tobillos, sobre unos enormes zapatos de vaqueta”. (Tradiciones y Leyendas Sanmiguelenses, p.13)

Sin precisar un orden, aparece también quien se disfraza de mujer y representado a la “madre vieja” en el conjunto de “locos” a este tipo se le conoce como “marota”. Los disfraces femeninos se acostumbraban en todas las partes del país”. (Enciclopedia de México III. Pág. 412).

Durante sus orígenes esta fiesta fue celebrada en las huertas o en el parque. Cuando se idearon los carros alegóricos, los primeros llevaron siempre escenas de las vidas de San Pascual y San Antonio o del Sacramento Eucarístico. Posteriormente las representaciones fueron totalmente profanas. Cada uno de los cuadros salía de su barrio hacia el centro. Del parque: el Cuadro del Parque; del puente de Guanajuato: el Cuadro Antiguo; y del “portón”: el Cuadro Nuevo. Fue a iniciativa del profesor Braulio Correa Pérez  que el C.P. Pablo Muñoz Ferrer, Tesorero Municipal, logró que los cuadros aceptaran salir a una sola hora y de un solo lugar. Así el primer año salieron del Puente de Guanajuato, los dos siguientes de la Colonia Aurora, hasta que finalmente se estableció como punto de partida la calle ancha de San Antonio a las doce del día.

 

El señor cura Elías León Rodríguez, al siguiente año de su llegada, con objeto de que no faltaran a misa les ofreció celebra una especial para ellos y sus familias; la que desde entonces se lleva a cabo a las once de la mañana en el templo de San Antonio. Con el tiempo los “locos” modificaron sus vestidos así como su acompañamiento musical. En un tiempo se les vio bailando  con alegres bandas de viento que interpretaban diversos jarabes y otras melodías muy rítmicas como danzones, chachachás, etc.

Poco después el grupo de “locos”  haría su indumentaria. Primero era: bombacho ajustado al término de las extremidades con grandes cuellos, colores alegres, correspondiendo igual color en el brazo izquierdo y pierna derecha y de color contrario en las otras dos. Conservan la máscara aunque ahora será de madera o de cartón representando rostros humanos; terciado llevan un morral que llenan de peras y que van regalando a su paso. Hace algunos años muchos de los “locos” lo hacían para pagarle al santo una manda, deuda que habían contraído cuando el paduano intercedió por ellos en alguna necesidad. No obstante la mayoría de los que actualmente bailan lo hacen por gusto.

LOS LOCOS.
En la actualidad uno de los espectáculos más llamativos es el de “Los Locos”, el domingo 13 o el domingo siguiente si cae entre semana a la fiesta de San Antonio las calles de San Miguel van poblándose por una abigarrada multitud que ahora ya no es sólo de los vecinos sino que reúne a muchos turistas que no sólo llegan a ver sino a participar en este evento. Con mucha anticipación los integrantes de los diferentes cuadros se ponen de acuerdo y exhiben en sus respectivos carros alegóricos diversos temas, las máscaras y los atuendos son relativos a ellos; pero muchos otros participantes simplemente fabrican o adquieren su propio disfraz y dan rienda suelta a su fantasía o a su creatividad y consumen toda su energía en esas horas normalmente de mucho calor.

El desfile se modifica cada año. El lugar de inicio se ha ido alejando simplemente para reunir a los carros participantes y el mar de “locos” crece cada día. La fruta que antes se obsequiaba al público se ha trocado por dulces. Los atuendos de arlequines son ahora totalmente impredecibles.  Hoy en día los altos precios de la música viva, o quizás no sólo por la economía sino también por la oportunidad de tener un sonido tanto o más fuerte que la banda y los necesarios descansos, los conjuntos musicales han sido desplazados por los equipos de sonido, los que acompañan los desgarbados bailes de los “locos” de San Miguel.

Existen varias pinturas de San Pascual. La más antigua que se conoce está pintada al óleo sobre lámina y es probable que sea –a decir de don Félix Luna- del siglo XVIII. Pertenece al cuadro del tecolote. Estas imágenes, en no pocas ocasiones han sido motivo de disputas entre los diferentes cuadros por lo que algunos les han sido recogido a los templos para evitar dificultades mayores. Aunque el desfile de “locos” es ahora sólo el domingo que se festeja a San Antonio (13 de junio o el domingo siguiente), anteriormente también había carros alegóricos en la fiesta del Corpus. Eran, tal vez, éstos y los de San Antonio las representaciones más espontáneas pues respondían a una expresión religiosa más auténtica. Hoy ya no hay más carros en la fiesta del Corpus y ciertamente el desfile está mejor organizado pero es cierto también que el espectáculo ha ocupado el lugar de aquella expresión de fe sencilla.

Los cuadros más conocidos son: el cuadro del Parque del Señor J. Cruz Patlán “el Camotero”; el cuadro Antiguo, del señor Jorge Baeza, nieto de don Faustino Rubio; el cuadro del Tecolote del don Guadalupe Peralta, el cuadro nuevo del señor Primitivo Luna Salazar “el Chipotas”, hoy dirigido por Patricio Espinosa, y el cuadro de la Mojiganga del señor Emigdio “el Gordo” Ledesma. Hay otros cuadros en el barrio del Valle del Maíz y de la Palmita. También en los ranchos como en Flores de Begoña, la Cieneguita y Galvanes.

El cuadro nuevo se forma en 1961. El “Gordo” Ledesma, integrante por muchos años del cuadro Nuevo nos informa que fue fundado por: Joel Muñoz, hijo de don Luis Muñoz, que tenía su cantina en la calle de Sollano; Luis Gutiérrez el “Indio”, que tenía un tendejón de semillas en el mercado antiguo; los Briones, de Santa Ana, los huaracheros que estaban frente a la Biblioteca, don Primitivo Luna el “Chipotas”; Benito López Rico el “Manita”, los electricistas de ¡Viva Padilla! (don Baldomero Rodríguez) y otros más, eran 25 elementos. Yo llegué ahí por un compadre, don Zeferino García, de los famosos becerros, hermano del “Girón”.

Su primera tarea con el cuadro nuevo fue hacer un carro alegórico, lo tiene muy presente dice que fue “El Rizo de Oro”, la peluquería de don Regino Burrón. El personaje de don Regino fue don Jesús Perales el “Chiruja”, su hijo el Profr. Esteban Perales era “Foforito”, el que daba bola; José el “Calambres”, lo vestimos de “Borola”, Joel como era peluquero puso la silla de pelar, y en la Plazuela de San Felipe buscamos un “tocayito” y le ofrecimos participar. No quería pero se dejó convencer con un marracito. Comimos el Relox con los Briones. Nos recibieron con dos tinotas de cervezas y a la comida poco aprecio se le hacía. Ellos se fueron a cumplir su manda a San Antonio que entonces estaba sólo, sin casas; eran puros órganos y puro baldío. En el mezquite que todavía está se hacía la plaza de toros con vigas y ahí se hacían charlotadas. Para atrás del templo no había nada sólo en el callejón de la Palma, estaba una huerta y tenía una maguellada, ahí se vendía el “tlachique” (pulque sin fermentar).

Otro de los “locos” (cuyo nombre me voy a reservar, por razones obvias) me contó que al estar bailando en el barrio de San Antonio de entonces, tuvo necesidad de ir a “hacer de las aguas” y sería por la revoltura de la bebida o por el cansancio de pronto empezó a ver todo negro. La angustia propia de esa situación y el terreno cerril de entonces hizo que se tropezara. Salió a tientas, como pegando programas y de pronto escuchó: ¡Ah, aquí andas! y, alegre contestó: -sí, ¡llévenme!, y se lo llevaron, eran dos policías. Preocupado les relató su repentina enfermedad y lo curaron volteándole la máscara. La traía al revés. Dentro de la cárcel los presos se alegraron al verlo vestido de “loco” y dijeron: sólo escuchamos la música pero ahora llegó el bailarín. ¡Báilale!. –no hombre, cómo quieren que les baile así sin música. Y el cabecilla les dijo a los demás -chíflenle. Y ahí me tienen bailándoles a los presos y divirtiéndoles un ratote, y gratis. Los que se compadecieron de mí fueron los policías los que viendo que no tenían para cuando acabar me soltaron como a las once de la noche. Ese año fue inolvidable para mí.

Derivado del cuadro del parque, el cuadro Nuevo dio origen en el 2000 al grupo de “la Mojiganga”. Encabezado por don Emigdio Ledesma. El popular “Gordo” comenta que cuando él vio por primera los “locos”, dice:  -eran muy poquitos. Que estaba parado en la esquina de Mesones y Juárez y escuchó que eran el cuadro del parque y el cuadro antiguo y pensó: ¡qué ridiculez!, ¿qué no les dará pena? pero un día, al año de casado empezó con un problema en una rodilla. Como no podía curarse pese a los esfuerzos de los facultativos, pensó en dejar la fábrica (La Aurora) y vender tortas en los campos deportivos, entonces el marte, el aurora, el Guadiana, el San José, etc. pero una señorita, doña Lulita que vivía junto al “Ring”, en la casita que después fue de don Juan Martínez, el impresor, le encargaba letreros para la peregrinación guadalupana del Oratorio, que no se hacía el 12 sino al día siguiente, ella vio cómo caminaba y le dijo: “Mira, hay un santo muy milagroso, a él se encomiendan todos esos que andan bailando; encomiéndate a él y de seguro que te hace el milagro, pero prométele que le vas a bailar. Le contestó: me pide un imposible. Ella insistió –la fe mueve montañas. Encomiéndate a él. Era tanta mi necesidad pues los médicos no me daban ninguna esperanza, que le dije a San Pascual, -mira, si me alivias te voy a bailar hasta que Dios me dé licencia. Llevo más de 50 años bailando. Hace cuatro años, caminando aquí en la casa, me lesioné gravemente esa rodilla, me llevaron de emergencia a Celaya y me iban a operar. Ese año ya no bailé. Era junio. Me programaron para septiembre. Volví a hablar con el santito y le dije: -ya vez que nada más cuando necesito acudo a ti pero… ¡échame la mano!, ¡ya ves que sí cumplo!, total, no me presenté al IMSS. Cuando volví a ver al doctor me maltrató y luego le contesté por qué se molesta ¿se trataba de curarme, no?, mire, y le hacía sentadillas en el consultorio y me dijo ¡no puede ser, su cartílago está muy dañado!, ¿quién lo curó?, pues alguien que puede más que usted.

El cuadro nuevo estaba conformado por varios grupos. Recordamos a algunos que desde mucho tiempo estaban a su cargo: Braulio Correa Pérez, Jesús González “el Cachir”, Beto Domínguez, don Tránsito Salazar, etc.; de igual forma lo forman grupos como los “bandidos”, los “chirujas, grupo del chorro y otros. Hay mucho más que platicar de los “locos” pero en otra oportunidad continuaremos. Hasta entonces.