Tradiciones en conjunto
(Nota original: Organización Editorial Mexicana S.A. de C.V. Por: Alma Gabriela Pérez).- Durante los últimos días, en San Miguel de Allende se han celebrado tradiciones estadounidenses y mexicanas. Por una parte, el Halloween forma parte de las festividades del vecino país del norte y personas de la comunidad norteamericana festejan con fiestas de disfraces. En cambio, los sanmiguelenses continúan viva la tradición de realizar ofrendas y con disfraces, también celebran a la muerte, además de que recuerdan a sus difuntos visitándolos en los panteones.
Algunos restaurantes, como cada año, ofrecen a sus clientes extranjeros las fiestas de Halloween, por lo que se pueden admirar en varias partes de la ciudad a personas, en su mayoría estadounidenses, disfrazados como brujas, vampiros o muertos vivientes, entre otras caracterizaciones.
Por otra parte, los sanmiguelenses continúan con sus tradiciones, por lo que alrededor del jardín principal, decenas de ofrendas están dedicadas al intelectual sanmiguelense Ignacio Ramírez Calzada "El Nigromante", a Ceferino Gutiérrez, quien fue el maestro de obra de la fachada gótica que hoy reviste la Parroquia de San Miguel Arcángel, a Genaro Almanza, quien era santero, escultor y tradicionalista sanmiguelense y a Miguel Morales capitán de la danza, mayordomo y heredero del Cristo de la Conquista.
Desde el domingo, los panteones del municipio se han visto abarrotados por visitantes, quienes continúan con la tradición de acudir a visitar a sus familiares y amigos ya fallecidos, llevando consigo ramos de flores, veladoras y la ocasión sirve también para convivir en familia, quienes frente a la tumba del ser querido son acompañados por música de un trío o un mariachi. Algunos rezan y otros comen delante de las tumbas.
La mayoría de instituciones educativas realizaron alguna ofrenda, así como exhibición y desfiles de catrinas.
Se reportó una jornada tranquila y estas celebraciones ayudaron a reactivar la economía de algunos sanmiguelenses, sobretodo aquellos que se instalaron con sus puestos ambulantes en la calle de acceso del panteón de Guadalupe, con la venta de flores, bisutería, comida, entre otros, así como niños que se acomiden a llevar agua a las tumbas por una propina de parte de los visitantes.
